Las guitarras tienen algo que me fascinan. Quizá porque desde pequeña he tenido contacto con ellas, a través de mis padres, de la música que me ha rodeado toda mi vida, o simplemente porque lo llevo en la sangre. Pero lo cierto es que, aún a pesar de que no tengo ni idea, me encantan.
Tienen algo sexy que no sé muy bien cómo explicar.
La forma de casi todas es muy sugerente, esas curvas y el mástil largo. La manera en que se coge, abrazándola. El sonido que se proyecta directamente del contacto entre tus manos y tu cuerpo con el instrumento. Los dedos haciendo la presión justa sobre las cuerdas, ni más, ni menos. Es música que va contigo allá a donde tu vayas. Pero para mí es más.
Es estar en la cama un domingo por la mañana, oir a los Lynyrd Skynyrd a todo volumen en el salón y oler a café recién hecho. Mover un pie sin querer al ritmo e ir despertándote poco a poco, cantando bajo las sábanas.
Es quedarte a escondidas por la noche con los cascos puestos y hasta las tantas, intentando que no se oiga que no estás dormida, bailando en calcetines para no hacer ruido y con la luz apagada para que no se filtre bajo la puerta. ¡Un ratito más! Venga, la última y me acuesto.
Es poner una canción y transportarte automáticamente a tu niñez, tu adolescencia, un momento determinado de tu vida y volver a sentir lo que sentías cuando la escuchabas por aquel entonces (válgame, que soy joven, pero hay tantas canciones con las que me ocurre esto...).
Es tener siempre alguna melodía en la cabeza. Siempre. No hay momento del día en que mis pensamientos no tengan banda sonora. Y casi la mayor parte de la veces esa melodía lleva una guitarra.
Haber aprendido fonéticamente infinidad de letras, sin tener ni idea de inglés, e ir redescubriendo a medida que aprendes este idioma cada frase de cada canción y su significado. A veces la letra es una tremenda tontería, otras veces te sorprende y añade significado a la música. Pero si hay una cosa que sigues haciendo es cantarlas como siempre las has cantado, como te sale.
Es ver el mimo con el que los amantes de la música hacen "hablar" a sus guitarras. Entre ellos, mi padre, que aunque no sea el mejor guitarrista del mundo, a mí me ha dado la oportunidad de estar en contacto con la música desde antes incluso de nacer. Y esta será su guitarra, por fin! Dejaré la puerta de mi habitación abierta para escucharle tocar.
A mí... dímelo con música :) Si tiene guitarras, mejor.
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